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El matrimonio contra la adaptación hedónica

Por Jane E. Brody.

Cuando una pareja decide casarse, la expectativa generalmente es que ese amor, la felicidad y esa unión perdure hasta que la muerte los separe.

Cinismo sería que camino al altar, alguno de los dos piense en que si las cosas no funcionan siempre existe la posibilidad de divorciarse.

Hoy la tasa de divorcios es muy alta, en Estados Unidos por ejemplo, de los matrimonios registrados la mitad termina en divorcio, situación que no es nada alentadora para quienes piensan unir sus vidas.

Claro que hay situaciones en las que es necesaria la separación como en el caso del maltrato físico o emocional, el comportamiento adictivo o la incompatibilidad irreconciliable, sin embargo hay muchos otros matrimonios que parecen haberse sólo marchitado y perecido por una falta de esfuerzo para mantener vivas las brasas del amor.

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Son aquellas brasas que lo mantienen vivo más no la llama del amor (que según Jane Brody, autora de este artículo, llevan a la gente a olvidar todos sus problemas y sentir como si se flotaran por la vida) la cual no dura mucho tiempo, y no puede si los amantes esperan conseguir algo.

Esa pasión encendida por un nuevo amor inevitablemente se enfría y debe madurar para convertirse en atención, compasión y compañerismo, elementos que pueden sostener una relación duradera.

Los estudios realizados por Richard E. Lucas y sus colegas en la Universidad Estatal de Michigan, han demostrado que la inyección de felicidad que ocurre con el matrimonio dura sólo unos dos años, después de los cuales la gente regresa a sus anteriores niveles de felicidad, o infelicidad.

Para el deseo y la pasión la esperanza de vida es aún más corta, y deben evolucionar para convertirse en "amor de compañía, compuesto más de profundo afecto, conexión y simpatía", según Sonja Lyubomirsky, profesora de psicología en la Universidad de California en Riverside.

En su nuevo libro, "The Myths of Happiness" (Los mitos de la felicidad), Lyubomirsky describe una serie de acciones y palabras comprobadas por la investigación que pueden hacer maravillas para mantener vivo el amor.

Sonja señala que la tendencia humana natural a "habituarse" a las circunstancias positivas (es decir, a acostumbrarnos tanto a las cosas que nos hacen sentir bien, que después ya no lo hacen) puede ser la sentencia de muerte para la felicidad marital. Los psicólogos le llaman Adaptación hedónica: las cosas que nos emocionan tienden a ser de corta vida.

Por lo que la primera sugerencia de Lyubomirsky es adoptar medidas para evitar, o al menos desacelerar, la adaptación que puede conducir al aburrimiento y a la insatisfacción marital. Aunque estos métodos quizá parezcan obvios, muchas parejas casadas olvidan ponerlos en práctica.

Forjar el compañerismo

Las estratégias de Lyubomirsky incluyen darse tiempo para estar juntos y conversar, escuchar verdaderamente al otro y expresar admiración y afecto.

Enfatiza en "la importancia del aprecio": Sentirse bendecido por la pareja que se tiene, recordarse constantemente lo que aprecian sobre la otra persona y el matrimonio.

Es importante también la variedad, lo cual es innatamente estimulante y gratificante, Lyubomirsky invita a "no postergar la adaptación". Mezclar, sean espontáneos, cambiar la forma en que hace las cosas con su pareja para mantener su relación "fresca, significativa y positiva".

La novedad es un poderoso afrodisiaco que también puede realzar los placeres de las relaciones sexuales maritales. Pero Lyubomirsky admite que "la ciencia ha descubierto muy poco sobre cómo sostener el amor apasionado". Compara su declinación con el crecimiento o el envejecimiento, "simplemente parte del ser humano".

La variedad va de la mano con otro consejo: la sorpresa. Con el tiempo, las parejas tienden a conocerse uno al otro demasiado bien, y pueden caer en rutinas que se vuelven atrofiantes. Sacúdalas. Prueben nuevas actividades, nuevos lugares, nuevos amigos. Aprendan nuevas habilidades juntos.

"Una palmada en la espalda, un apretón de la mano, un abrazo, un brazo alrededor de los hombros; la ciencia del contacto sugiere que puede salvar a un matrimonio regular", escribe Lyubomirsky. "Introducir más contacto (no sexual) y afecto diariamente hará mucho por reencender la cordialidad y la ternura".

La psicóloga sugiere"incrementar la cantidad de contacto físico en su relación, en una cantidad establecida cada semana" dentro del nivel de comodidad de las personalidades, antecedentes y apertura al contacto no sexual de los cónyuges.

Actitud positiva

Hoy y no mañana, cuando los hijos se vayan, es el momento de trabajar en una relación mutuamente gratificante si quieren que su matrimonio dure.

Es esencial apoyar los valores, metas y sueños de su pareja; recibir sus buenas noticias con interés y complacencia.

Incluso un matrimonio que se ha visto empañado por declaraciones negativas, airadas o hirientes, a menudo puede rescatarse llenando la casa con palabras y acciones que provoquen emociones positivas, según ha demostrado la investigación psicológica.

Según los estudios realizados por Barbara L. Fredrickson, una psicóloga social y profesora de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, una relación floreciente necesita tres veces más emociones positivas que negativas.

En su libro "Love 2.0" (Amor 2.0), Fredrickson dice que cultivar una actitud positiva cada día "nos motiva a buscar un abrazo más a menudo o compartir una idea o imagen inspiradora o tonta".

Lyubomirsky reporta que las parejas felizmente casadas, en promedio otorgan cinco expresiones verbales y emocionales positivas de uno hacia otro por cada expresión negativa, pero "las parejas muy infelices muestran proporciones de menor que una a una".

Para ayudar a mantener su relación en un sendero más feliz, sugiere llevar un diario de los acontecimientos positivos y negativos que ocurran entre la pareja, y esforzarse por incrementar la proporción de lo positivo en relación con lo negativo.

Sugiere preguntarse cada mañana: "¿Qué puedo hacer durante cinco minutos hoy para mejorar la vida de mi pareja?" Los actos más sencillos, como compartir un acontecimiento divertido, sonreír o mostrarse juguetón, pueden mejorar la felicidad marital.


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