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El traje de mi príncipe azul

Cuando somos pequeños, durante el desarrollo del complejo Edípico que como ya sabemos se refiere a una especie de enamoramiento del niño hacia su madre y de la niña hacia su padre, vamos creando la imagen perfecta de nuestro príncipe y princesa azul.

Siendo aún muy pequeños tenemos madera de sastres y costureras capaces de crear un traje ideal de acuerdo a las cualidades que vemos en papá y mamá.

Es así que para las niñas su príncipe azul es fuerte, guapo, tierno, paciente, inteligente y con una voz preciosa.

Para los niños su princesa tiene una figura perfecta, una cara hermosa y delicada, ojos encantadores, larga y radiante cabellera; voz suave y es tan hábil como la mujer maravilla.

Conforme vamos creciendo los atributos de ese traje también aumentan hasta que llegamos a la pubertad, una etapa en donde nos suceden importantes cambios físicos y emocionales, dándonos cuenta también de que esa vestimenta en la que tan empeñosamente hemos trabajado ya no le queda más a papá ni a mamá porque no son tan perfectos como pensábamos, así que con cierta desilusión se los quitamos a la espera de algún chico o chica a quien le siente bien.

Si tenemos una autoestima saludable la actitud ante esa espera es positiva, paciente; observamos cuidadosamente hasta que sin mayor angustia encontramos a quien le queda un poquitito largo o grande, nada de cuidado.

En cambio cuando estamos en un estado emocional tambaleante y nuestra autoestima anda por los suelos, al primero o primera que se nos ponga enfrente le plantamos el traje sin importar si le queda muy largo o corto, notablemente chico o grande. Esa insatisfacción y vacío que sentimos urgentemente lo queremos llenar y nos aferramos a que el traje tiene que ser para esa persona aunque sepamos que no es de su talla.

¿Y que pasa con quien lo viste? a nuestro príncipe o princesa le gusta el traje durante un tiempo pero después se da cuenta que no es para él o ella, luce como estrella de cine sin duda, pero le incomoda y se niega a usarlo. Ante tal actitud el diseñador del traje se entristece pues tantos años trabajando en su confección no sirvieron de nada.

Esto es lo que nos pasa cuando esa persona de la que nos hemos enamorado no nos corresponde, nos sumimos en una depresión de la que nos cuesta trabajo salir.

Guardemos un rato el traje mientras llegamos a un autoconocimiento profundo. Al enfrentar nuestros sentimientos y poner en orden nuestras ideas además de hacerle algunas modificaciones al traje sin deformar su estructura original, nos servirá para llegado el momento detectar con mayor precisión quien lo vestirá con gusto y estilo; cuando dejárselo a nuestra pareja o quitárselo sin que el traje y nosotros suframos grandes daños.


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